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Historias de aislamiento: deseo y autoestima

Amarse a solas y en compañía



Imagen - Cécile Hoodie
Ilustración - Idil Keysan
Texto - HELLO NIPPLE
No son tiempos fáciles para el deseo, la distancia y las barreras físicas se interponen entre gran parte de la población, imposibilitando que nuestras relaciones personales se extiendan más allá de una videollamada.

Mucho se habla del incremento de la libido durante este confinamiento, en especial entre aquellos a los que les ha tocado el más estricto de los aislamientos. Como una fuerza irreprimible, el anhelo de establecer contacto humano se multiplica conforme pasan los días. Como si efectivamente, el mundo se fuera a acabar y tu última voluntad fuera enredarte en unos brazos ajenos e impregnarte del olor de otro ser humano.
Aunque pueda parecer que nos ha tocado escribir una nueva versión de un relato repleto de Romeos y Julietas que cada atardecer exhalan su afán por reencontrarse con sus respectivos amantes, toca reflexionar y pensar, ¿a qué responde tu libido? ¿Pesan más las ganas de recorrer el cuerpo de esa persona especial o la necesidad de sentirte deseado?

El deseo y la autoestima son dos aspectos que guardan una relación muy estrecha. Sentirnos deseados refuerza nuestra autoestima, así como, la aparente ausencia de deseo hacia nuestra persona puede incidir negativamente sobre la imagen que tenemos de nosotros mismos. Cuando la falta de autoestima exige la necesidad de sentirse deseado es cuando debemos hacer saltar todas nuestras alarmas.

Cuidar de nuestro amor propio con independencia de lo que otros puedan sentir hacia nosotros será fundamental para ser coherentes con nuestro auténtico deseo, nuestro verdadero apetito. Aprender a diferenciar qué es lo que realmente deseas en lugar de qué anhelas que los demás sientan por ti, es la clave para responsabilizarte y adueñarte de tu deseo sexual.

Confundir la necesidad de sentirse deseado con el deseo entraña el peligro de vernos envueltos en relaciones que no son de nuestra elección, que nos arrastran haciéndonos creer que estamos allí por un impulso propio cuando en realidad solo hemos sido empujados hacia un abismo que poco tiene que ver con nuestras decisiones personales.

Por eso, si esta cuarentena la soledad se cierne sobre ti y la amenaza de un amor furtivo se posa sobre el quicio de tu teléfono, antes de buscar el mejor ángulo del espejo para enviar un nude, párate a pensar, ¿te estás conformando o es realmente lo que deseas?  

Especial atención si esa aparición estelar rima con el nombre de tu expareja o de esa persona que hace meses te dejó en visto y ahora, presa del aburrimiento, vuelve a visitar vuestra conversación en busca de retomar la partida. Cariño, tú vales mucho más que eso.


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