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Preliminares, ¿sí o no?

La peregrinación al éxtasis



Si buscamos “preliminares sexo” en Google serán múltiples los resultados que inundarán nuestra pantalla recomendándonos fervientemente la puesta en práctica de este preámbulo tan aconsejable a la hora de tener relaciones sexuales. Basta con hacer la prueba para encontrarnos con los siguientes titulares:

“Preliminares: las paradas (casi) obligatorias antes del sexo”

“25 ideas de preliminares originales para que el sexo sea siempre una aventura”

“Juegos previos para asegurar un buen polvo”

Todos ellos artículos plagados de buenas intenciones que no pretenden más que ampliar nuestro registro de prácticas amatorias con el fin de instruirnos a la hora de preparar el campo de batalla. Pues bien, quizás ha llegado el momento de desvelar una realidad: LOS PRELIMINARES NO EXISTEN.


Nope, esto tampoco son preliminares

¡Sorpresa! Si hace unas semanas hablábamos sobre la fragilidad del concepto “virginidad”, los preliminares basan su fundamento en la misma premisa: situar el coito como la práctica suprema, como el objetivo final de cualquier relación sexual. Prácticamente, la razón de ser de nuestros genitales. Una idea empobrecida que alimenta la cultura coitocentrista que prevalece en pleno siglo XXI.

Esta concepción también está íntimamente relacionada con nuestra incapacidad de disfrutar del “aquí y ahora”. Llenar nuestra cama de juegos con la única intención de preparar el escenario para lo que vendrá después, nos impide centrarnos de forma plena en lo que está pasando en ese instante. Focalizamos nuestra mente en una meta y el resto de actividades que desarrollamos hasta llegar a ella son sólo un cúmulo de herramientas accesorias a las que no les prestamos la atención que se merecen.

De esta manera la masturbación o el sexo oral se convierten en meros teloneros que utilizamos para avivar al público antes del gran concierto, pero ¿por qué no nos relajamos y disfrutamos del espectáculo en sí mismo?

Considerar que el coito es la única actividad sexual válida supone una limitación para cualquier pareja pudiendo llegar a frustrar su satisfacción, puesto que no serán capaces de desarrollar otras formas de obtener auténtico placer si no es a través de la penetración.

Otorgar el valor que se merece a cualquier práctica sexual es el único camino existente si queremos disfrutar de nuestra sexualidad de forma plena y replicar lo conveniente con quien decida acompañarnos.  

Desecha la idea preconcebida que tienes sobre los preliminares y recuerda que el sexo sin penetración existe y también se llama sexo.

Texto - HELLO NIPPLE
Imagen - Tales Of Lara
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