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Sexo y estrés

Supresión del deseo



Sexo y estrés son dos conceptos que no trabajan bien juntos. La adrenalina, esa sustancia que relacionamos con montañas rusas y vivencias intensas, es la hormona responsable del estrés. Cuando es liberada durante un periodo corto de tiempo dispara en nuestro organismo una serie de alertas que nos ayudan a sentirnos bien, sin embargo, cuando el estrés es prolongado, puede alterar de forma seria nuestra salud.

Mantener unos niveles altos de estrés de forma contínua es el equivalente a que nuestro cuerpo esté permanentemente preparado para huir de un león. Cuando se dilata en el tiempo la activación de los mecanismos de alerta, se produce un desgaste psicológico y físico grave. El sexo o cualquier otra actividad placentera, queda en un segundo plano cuando nuestro sistema nervioso experimenta esta situación constante de peligro.

No dejamos espacio en nuestro cerebro a la intimidad y en ocasiones, la percepción de falta de sexo a causa del estrés, incrementa aún más los niveles de ansiedad, dificultando por completo el disfrute de esta actividad.

Cuando la imagen que te vende la sociedad es la de un individuo con permanentes ganas de sexo, la ausencia de líbido puede convertirse en un pozo de frustración. Si te encuentras en esta situación, o has pasado por ello, no eres ningún bicho raro, lo que estás experimentando es absolutamente humano.

Si crees que ha llegado el momento de recuperar tu deseo, a continuación te dejamos una serie de recomendaciones que podrán servirte de ayuda:

  • No tengas prisa. Esto no es una carrera y toda recuperación supone un proceso. Deja a un lado las comparaciones, cada persona tiene sus tiempos, respeta el tuyo.

  • Practica ejercicio de forma regular. La actividad deportiva libera hormonas que desencadenan reacciones psicológicas que tienen la capacidad de aumentar la líbido y la autoestima. Mirar la vida desde una perspectiva más positiva se traduce en la consecución de una sexualidad más satisfactoria.

  • Mejora tu descanso nocturno. El estrés se agrava con la falta de sueño, la calidad de tu vida sexual depende en gran parte de cómo sea tu descanso puesto que de él depende el bienestar de nuestro sistema inmunológico. El sueño puede aumentar los niveles generales de energía y, a su vez, el deseo sexual.

  • Para y respira. La práctica de respiraciones profundas disminuyen la presión arterial, favorecen la sensación de calma y ayudan a aliviar el estrés. Las técnicas de respiración profunda ayudan a aumentar la conciencia y la atención plena, liberando tensiones y proporcionando un efecto de mayor relajación. Puedes ponerlo en práctica realizando respiraciones profundas en tandas de 10, 5 respiraciones ascendentes contando del 1 al 5 en cada inspiración y espiración, y 5 descendentes, realizándolo a la inversa.

  • Permite que el sexo tenga un espacio en tu día a día. Si el nivel de estrés que te rodea suprime tu conciencia sexual y en tu rutina no existen inputs sexuales, tu cerebro anula la líbido. Debemos preocuparnos por dejar sitio en nuestra mente para el deseo. La práctica puede ser tan sencilla como apagar tu teléfono y elegir un relato erótico con el que disfrutar durante un placentero baño.

  • No te impongas metas. Olvida la necesidad de llegar al orgasmo, disfruta del proceso. Concentrarte en “el aquí y el ahora” alejará tu mente de los factores desencadenantes del estrés, permitiéndote experimentar placer.

Las presiones sociales, laborales, y sobre todo, aquellas impuestas por nosotros mismos, pueden desembocar en un incremento considerable de nuestros niveles de estrés y ansiedad que en muchas ocasiones arrastramos al plano más íntimo de forma inevitable. Recuerda que reconocer la situación que estás viviendo es el primer paso para recuperar el control sobre tu deseo, sobre tu percepción de la realidad, y ante todo, sobre tu vida.

Texto - HELLO NIPPLE
Imagen - Tales of Lara
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