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Virginidad

Etiquetas morales y otras falacias



¿A qué edad perdiste la virginidad?

¿En alguna ocasión te has detenido a pensar qué es lo que realmente se está preguntando cuando se hace referencia al término virginidad?

La tradición cristiana ha dejado rastro en nuestro vocabulario para designar con este término a aquellos que nunca han mantenido relaciones sexuales, pero lo cierto es que, sea cual sea tu identidad sexual, este concepto gira única y exclusivamente en torno a la penetración.

Este apelativo con el que ha sido designado todo ser humano durante una fase de su vida, resulta que poco o nada tiene que ver con la iniciación sexual, sino que tan solo atañe a una práctica más del amplio abanico de la sexualidad humana.

La masturbación, el sexo oral o incluso el sexo anal en el caso de parejas heterosexuales, quedan excluidos del examen que hay que superar para que te anulen el título de virgen.

Una etiqueta que ha servido históricamente para dividir la sociedad en dos, los que sí y los que no. Y que ha perpetrado aún más la diferencia entre la sexualidad masculina y femenina. El himen como símbolo de pureza, aquel que permanece intacto hasta la práctica de la penetración vaginal. ¿Acaso existe el equivalente en la anatomía masculina? ¿Alguien conoce un ritual donde se tumbe a un novio el día de su boda y se busque en lo más profundo de su ser un indicio de “pureza”?

En el momento en el que la iniciación de la sexualidad se reduce al coito, estamos apelando a una percepción de la sexualidad primitiva, aquella que solo concibe el sexo como una actividad reproductiva y no como una dimensión más de la naturaleza humana.

Conservar este apelativo sólo provocará ansiedad por permanecer o abandonar el grupo. Desencadenante de comparaciones superficiales, continuará indicándonos que no le damos el valor que se merece a nuestro desarrollo sexual. Mientras insistamos en esta clasificación social, seguiremos considerando más expertos a aquellos que la han metido tres veces que a quienes conocen su placer de principio a fin sin necesidad de haberse servido de un cuerpo ajeno.

Propongo que la próxima vez que pregunten por tu virginidad hagas memoria y vuelvas a aquella primera vez que percibiste que tu cuerpo era una casa de gozo que siempre tendrías el placer de habitar.

Texto - HELLO NIPPLE
Imagen - PORTRAIT MAMI
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